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10 de abr. de 2013

FOLLANDO CON GAYS FAMOSOS


 Esta aventura me ocurrió hace unos cinco meses. Ese fin de semana decidimos trasladarnos a Madrid para ver a unos amigos y ya de paso para salir un poco de fiesta por allí, ya que de vez en cuando viene bien desconectar. Llegamos a la hora de comer, compramos algo y nos fuimos a la casa de nuestros amigos. Esa noche teníamos pensado hacer una pequeña fiesta en la casa y después salir para ir al centro a algún bar o discoteca.
Todo empezó muy bien, éramos unas cuantas personas, a la mayoría las conocía y tenía una buena relación con ellas, y las demás eran bastante agradables, todo en definitiva hacía prever una noche magnifica. He de decir que no fui con la idea de liarme con nadie, cómo os conté en otros relatos tengo novio y aunque él no estaba ese fin de semana allí, no tenía la necesidad de buscarme un lío ni sexo en otro.
Cuando nos dimos cuenta que se estaba haciendo demasiado tarde decidimos irnos, nos cogimos el metro y nos dirigíamos con destino a Chueca. Yo iba contentillo por el alcohol, pero no me encontraba borracho ni en mal estado (creo que alguno de mis amigos si lo estaba) aunque por efecto de la sustancia si estaba bastante desinhibido. Llegamos y nos metimos en una discoteca que solemos frecuentar bastante cuando vamos a Madrid. Al entrar casi nos perdimos todos, cada uno por un lado, de los ocho que habíamos ido, sólo me encontraba con dos en la planta de abajo. Nos pedimos unas copas y nos fuimos a bailar a la pista. Yo ya me encontraba que no me importaba nada y pronto me di cuenta que un chico me observaba detenidamente. De cara era normal, pero tenía un cuerpo de escándalo, fuerte y con unos pectorales bastante marcados dentro de su camiseta blanca ajustada y sin mangas. De estatura era un poco más que yo, sobre el metro ochenta y tenía una barba de unos días, cosa que me vuelve loco en los tíos. La edad me imagino que entorno a la mía, sobre los 23 años.
Cuando yo le miré nuestras miradas se cruzaron y él esbozo una sonrisa en sus labios. Creo que fue esa sonrisa la que me hizo olvidarme ya de todo y estar dispuesto a lo que pasará, pero también era cierto que yo no estaba dispuesto a entrar a ningún tío. Sinceramente si quería algo que fuese él el que viniese.
Pero el tiempo pasaba y aunque yo notaba su mirada clavada en mí y a pesar de mis insinuaciones hacia él, mis miradas cómplices y mis sonrisas devueltas, él no se animaba y yo empecé a cansarme de ese juego, me estaba calentando y al final me iba a quedar con las ganas. Así que empecé a estar a mi bola, pero cuando me quise dar cuenta uno de mis amigos había desaparecido, no había rastro de él y el otro se estaba enrollando con otro chico. Me quedé un parado y me dirigí a los baños. Los compartimentos estaban cerrados así que me puse a mear en un urinario de pared. Estaba concentrado en mis propios pensamientos sin darme cuenta que otra persona había entrado al baño y se había situado a mi lado. Miré de reojo sin mucho entusiasmo cuando me di cuenta que era el tío con el que me había dedicado al jueguito de las miradas en la pista de baile. Él también comenzó a mear pero al rato sus movimientos parecían más los de una masturbación que los de otra cosa. Y yo aunque lo intentaba disimular no podía parar de mirar y mi verga se empezó a poner dura. Entonces se aparto un poco y me dejó ver una polla completamente empalmada, de unos 16 cm. pero bastante gorda. Para ese entonces un compartimento se quedo libre y sonriéndome se guardo la polla, se abrocho el pantalón y se dirigió hacia él, dirigiéndose hacia mí empujo ligeramente la puerta, me observo y me hizo un gesto de la mano invitándome a pasar con él.
No lo dude ni un segundo, me acerque, entre, cerró la puerta y en cuanto el pestillo atranco la puerta se dio la vuelta y mirándonos a los ojos, sin decir ni una palabra, nos lanzamos a besarnos, a devorarnos con las bocas. Mis manos se dirigieron rápidamente a su abdomen, con una mano le levanté ligeramente la camiseta y con la otra le acaricié su vientre duro, cada uno de sus músculos que conformaban un cuerpo bien trabajado y la subí hasta alcanzar su pecho, sus pezones duros y él me ayudó quitándose la camiseta y apoyándola en la cisterna. Sus manos no permanecían quietas, y recorrían mi espalda, mi vientre, jugaban con mis pezones. Entonces me desabrocho el pantalón y tiró de él hacía abajo bajando a la vez mi ropa interior. Mi polla ya estaba dura y cogiéndola con una mano se la acerco a la boca, lamió con la punta de su lengua todo lo largo de mi verga mientras yo exhalaba un profundo gemido, se la introdujo en la boca y comenzó una deliciosa mamada que ayudado con una mano me iba pajeando o acariciándome los huevos. Con la otra separo mis nalgas y con un dedo busco mi ano, hasta que lo encontró y presiono hasta que entro. Cuando sentí que me iba a correr le pedí que parase y me separé de él. Tenía que devolverle el favor y prefería hacerlo sin haberme corrido.
Le hice ponerse de pie y desabroche su pantalón y se le baje hasta las rodillas, acerque mi cara hasta su polla que en estado de reventar amenazaba con destrozar su ropa interior. Aspiré y su aroma me embriago más a él. Bajé la tela y admiré la polla que ya había visto con anterioridad. Comencé a lamer y chupar sus huevos, primero uno luego otro y recorrí toda su verga, cada centímetro de ella y me la metí en la boca, di cabida a su glande mientras jugaba con mi lengua en su prepucio y por debajo de él. Sus gemidos eran ahogados por sus dientes apretados pero yo les sentía a través de su pene. Poco a poco se la comencé a chupar, primero un poco, hasta que conseguí alojar sus 16 cm. En mi garganta. Estuve así un rato hasta que me separo y me puso de pie. Nos besamos nuevamente y me susurro al oído si quería que me follase. Era la primera vez que oía su voz, y aunque me moría de las ganas no era el mejor lugar y le dije que no.
Volviendo a besarnos agarro mi polla y me empezó a pajear, haciendo yo lo mismo con la suya, y sin separar nuestras bocas un solo momento llegamos a corrernos casi al mismo tiempo. Su leche salto como una catarata sobre mi propia polla y mi abdomen, y al sentir el calor de su leche sobre mi, la mía reacciono y otra catarata empapo esta vez a él.
Nos limpiamos y cuando terminamos de arreglarnos salimos afuera. Me invito a una copa y estuvimos charlando un rato. Entonces si supe su nombre y me quiso dar su teléfono, lo acepte y le prometí que le llamaría. En el fondo sabía que no lo haría, en mi ciudad tenía a mi novio y aquello había sido simplemente una aventura. Nos volvimos a besar y nos despedimos. Yo busqué a mis amigos y volvimos a casa.
La verdadera sorpresa vino cuando a principios de enero vi a este chico en una serie de televisión emitida por la cadena telecinco para esa nueva temporada, y mis dudas se disiparon al ver su nombre. Algunos seguramente sabréis a quién me refiero, otros no, pero no daré más pistas que creo que cada uno salé del armario si quiere salir. Y por último sólo decir que esta, como todos mis anteriores relatos, es completamente real.

8 de abr. de 2013

EL NOVIO DE MI MEJOR AMIGA



Vivo en Mendoza, Argentina, tengo 17 años. Hace un par de meses le conté a mi mejor amiga que soy bisexual y que he tenido sexo sólo con hombres, ella es mi ex–novia, y ahora tiene un novio que se llama Damián, quien es el involucrado en mi relato. Siempre me pareció que él me miraba de una manera un tanto extraña, y si bien es un poco afeminado, no me imaginaba que pudiera ser como yo... 


Un buen día, mi amiga se peleó con su familia y decidió escaparse de su casa. Damián estuvo buscándola algunas horas, hasta que la dijeron que podría estar conmigo y fue a mi casa a ver si ella estaba ahí. A todo esto yo ni siquiera me había enterado que ella se había escapado, así que decidimos ir a buscarla juntos... Él me pidió que lo acompañara a su casa antes, que quería cambiarse de ropa... Entramos a su casa y yo me quedé en la puerta, a lo que él me dijo:  - Vení, subí conmigo. 



Subí y entramos a su pieza. Se sacó la remera que llevaba y fue la primera vez que vi ese cuerpo, todo marcadito, tan de cerca. Así como estaba, sin remera, se acercó y me dijo: 

- ¿No tenés idea de adónde puede estar?. - Y yo contesté: 

- No, ni idea, sino te diría para que la búsqueda sea más corta. - Me abrazó y me dijo: 
- Gracias, no pensé que fueras tan buen pibe, y menos conmigo. 


Sólo nos habíamos visto unas pocas veces, y nunca habíamos charlado siquiera. Ahí abrazado con él pude sentir todo su cuerpo musculoso rozando el mío y se me paró un poco, por suerte con la ropa que yo uso (pantalones anchos) no se notó. Lo siguiente que hizo fue sacarse el pantalón y se quedó en boxers, unos boxers negros bien ajustados que dejaban que se notara su precioso bulto, que se veía muy grande... Y me dijo: 


- ¿No te molesta si me baño antes de que vayamos? 



Por un lado pensaba en mi amiga, que hacía varias horas estaba sola, pero por el otro, pensaba en ver a ese bombón desnudo, por si salía del baño y se cambiaba enfrente mío, así que dije: 



- No, ni ahí, bañate tranquilo. 



Para mi sorpresa y placer, no tuve que esperar a que terminara de bañarse para verlo desnudo, porque se sacó los boxers ahí no más, enfrente mío, sin ningún drama, y se paseó por ahí un rato buscando toallones. Pude observar esa poronga que estaba un poco parada y ese precioso culito... Después se metió a bañar (tiene un baño “en suite”) y me llamó de adentro: 



- ¿Me podés pasar el shampoo? Está en la mesa de luz”. 



Fui, obediente, a llevarle el shampoo, y ahí estaba él con la cortina de la ducha abierta, clavándose una paja, con la pija a mil... Me quedé mirándole la verga y me dijo: 



- Me parece que tu reacción es la esperada. ¿Por qué no te desnudás y te metés conmigo? 



No lo pensé dos veces, me metí y nos pusimos a tranzar, besa maravillosamente, tiene unos labios bien carnositos, está muy rico. Ahí metido con él, empezó a besarme en el cuello, bajando, me chupó los pezones y siguió hasta llegar a mi pija, se la metió en la boca y me la empezó a chupar como nadie. Después de un rato, para no acabar, le saqué la pija de la boca, lo levanté y seguimos besándonos; después bajé yo y se la empecé a chupar, tenía un pedazo de pija espectacular, mide como 22 cm, bien gruesa, y con poco pelo (porque se lo corta, aunque no del todo). Seguimos así y acabó, me largó todo su semen en la boca, pero a mí no me gusta tragármelo, así que lo escupí en la ducha. Se dio vuelta y se puso en 4, y me dijo: - Ponemelá. 

Gustoso acepté su propuesta. Se la empecé a meter despacio, porque era su primera vez, antes le puse un poco de jabón para que fuera más fácil. Cuando al fin pude meterla entera, pegó un grito no muy fuerte (para que nadie escuchara), empecé despacio a embestirle el culo, mis huevos se golpeaban contra los suyos, lo que me causaba más placer, y creo que a él también, seguí cada vez más fuerte, dándole lo más duro que podía, mientras él se hacía la paja, empecé a sentir que estaba por acabar y le dije, y él me pidió que le acabara adentro, y así fue, inundé todo el interior de su culito con mi leche... Terminamos de bañarnos, y cansados, nos secamos y fuimos a su cama, que es de esas que son de plaza y media, más grandes que las comunes. Estábamos acostados ahí, desnudos, y nos empezamos a besar de nuevo. Ya estábamos calientes de nuevo cuando me dijo: 


- Esto es vuelta y vuelta, ¿Sabés? 



Aunque eso me hizo dudar que fuera su primera vez, no me molestó en lo más mínimo, ya que hago las dos cosas (activo y pasivo). Yo estaba acostado boca abajo, y me empezó a besar la espalda, hasta llegar a mi culo y me empezó a meter la lengua, después me metió un dedo, dos, y me dio vuelta, con mi culo medio dilatado, se puso mis piernas en los hombros y me empezó a besar. Mientras me besaba, yo sentía la presión de su pija en mi orto, empezó a meterla despacio y antes de que pudiera quejarme, me la metió entera de una sola vez. El dolor fue menor al que esperaba y rápidamente se convirtió en placer, nunca había gozado tanto como con este Brad Pitt poniéndomela, estuvimos así bastante rato, transpiramos como cerdos, hasta que acabó, adentro (lo cual nunca me había pasado), y me encantó. 



Decidimos bañarnos de nuevo, pero ésta vez sólo nos besamos. Después de vestirnos, nos fuimos a buscar a mi amiga... Hubieron otros encuentros, pero será otra vez cuando los cuente. 

7 de abr. de 2013

MI PRIMO HETERO



HOLA!  soy de Venezuela, de una ciudad llamada Maracay, soy bajo de estatura, delgado y con cara de bebé, me gustan los hombres guapos, descubrí que soy gay a los 11 años y me encanta la porno, mientras que mi primo es un poco más alto que yo, delgado pero con unos músculos marcados. Bueno, he aquí mi historia con el... 

Hace ya dos años que tengo sexo con un primo que ha sido mi único hombre hasta el momentos, yo ahora tengo 16 y él 19, cuando lo hicimos la primera vez él tenía 17 y yo 14, desde más chicos hacíamos cositas como tocarnos, masturbarnos y él como es más grande que yo, me lo mamaba y me decía que me lo cogiera pero no podíamos, ambos éramos unos niños sin experiencia, bueno más yo que él. Luego que crecimos esos jueguitos terminaron y él se hizo prácticamente un hombre y yo adolescente, pero yo seguía deseándolo y buscando una oportunidad para volver a nuestros juegos de niños, que ya no serían juego, pero él me ignoraba por completo. Hasta que un día viendo cine erótico los dos, él se empezó a masturbar y yo también, pero yo lo hacía muy eróticamente para que él me mirara y yo no dejaba de mirarlo. Como dormimos siempre en el cuarto de mi abuela teníamos que estar pendientes, pero ella estaba rendida, entonces él se paró de la cama hasta el armario para desde allí masturbarse mejor y yo me fui detrás de él y me puse a su espalda. Mi pene "sin querer" lo rozaba por detrás, él se dio cuenta y se echaba más hacia atrás y yo intuitivamente lo tomé por la cintura y agarré su pene y empecé a meneárselo, era mi gran oportunidad, él quería repetir los jueguitos infantiles, pero yo tomé la iniciativa y empecé a mamárselo, nunca lo había hecho, pero su sabor me encantó, luego me di vuelta y le ofrecí mi culo, él enseguida agarró un poco de crema de mi abuela que estaba en el armario y me la untó en el ano y finalmente me penetró, pero no me dolió de lo excitado que estaba, y me cogió por primera vez. 


Así lo hicimos por muchísimo tiempo hasta que él de nuevo comenzó a ignorarme, vale destacar que él es muy hetero y que sólo me coge por placer y yo lo aprovecho, nunca ha habido besos ni nada por el estilo porque es sólo sexo; bueno, tenía que volverlo a conquistar pero tenía miedo de que me rechazara, ya habían pasado 10 meses desde la última vez que lo hicimos. 


Una noche él llegó y se acostó y se puso a ver un video de un viaje que había hecho y yo me desperté y empecé a moverme para que él se diera cuenta de que estaba consciente, luego de que el video terminó, puso cine erótico y nuevamente empezamos a masturbarnos, luego yo me paré y salí del cuarto a ver si venía detrás de mí pero eso no pasó, después de un rato entré de nuevo y él seguía allí embelesado por las chicas de la película. Después quien salió fue él y yo salí más atrás, él se metió en el baño y yo empecé a hacer toda clase de ruidos para que supiera que estaba afuera, él salió y para disimular entré al baño. 


Al ratito salgo y no veo nada, pensé que él había vuelto al cuarto a seguir viendo sus películas, pero un instinto me hizo entrar en otro cuarto que estaba sólo y al encender la luz, allí estaba, con la bermuda hasta las rodillas meneándose el pene, yo intuitivamente se lo agarré y él se dejó sin ningún pretexto, me arrodillé frente a él y empecé a mamárselo, se lo lamía y succionaba como un cachorro con hambre, él suspiraba de placer y yo seguía chupando aquella verga que me traía loco, le lamía la cabecita, el glande, y lo succionaba hasta la garganta, luego me lo saqué y empecé a lamerle los testículos y se los succioné primero uno por uno y luego los dos simultáneamente, después volví a su pene y él me tomó y empezó a cogerme por la boca, meneándome la cabeza como un vaivén. 


Después me llevó hasta una cama que allí había y se acostó y yo seguí con mi tarea de mamar mientras él empezó a moverse y me la metía hasta el fondo, yo mamaba, lamía y besaba su verga y lamía los testículos, entonces él empezó a tocar con sus dedos mi culo, yo solté su pene y empecé a pajeárselo mientras él acariciaba con sus dedos mi ano, yo empecé a menear mi culo como una puta y él se puso más agresivo y empezó a darle palmadas a mis nalgas y las abría y cerraba con rudeza, eso a mí me encantó y así estuvimos un tiempo, yo meneando y mamando su verga y él tocando mi culo y manoseando mis nalgas, hasta que me dijo: 


- Échate un poquito de aceite en el culo


Yo inmediatamente salí a la cocina y me unté aceite comestible en el ano y regresé y continué mamándoselo un rato más y él pasaba con suavidad sus dedos por mi ano lubricado, se sentía riquísimo y me metía los dedos, hasta que me tendió en la cama boca abajo y se recostó sobre mí, me abrió las nalgas y me puso la cabecita de su pene en la entrada de mi ano, yo levanté mi culo y él empezó a empujármelo con suavidad, me metía poco a poco su verga, ambos suspirábamos de placer, hasta que me la metió por completo, se quedó quieto un momento mientras mi culo se amoldaba a su pene y empezó el mete y saca, sentía cómo su pene caliente entraba y salía de mi cuerpo y sentía sus testículos y su pelvis velluda chocar con mis nalgas, y el sonido de las embestidas que me daba, luego empecé a moverme como una perra y él entre suspiros me decía: 


- Eso, muévete, asíiiiii, aaah, qué ricoooo!!!!!!!!! 


Y yo lo hacía con más fuerza y le decía: 


- Aaaah, qué ricooo, cógeme, asíiii! 


Luego cambiamos de posición y ambos nos pusimos de ladito, eso me dio más libertad para moverme mejor, luego estando yo de lado él se apoyó sobre mí y yo empecé a tocar y manosear su pecho, su abdomen, sus nalgas, y sus piernas velludas, mientras él seguía cogiéndome como a una puta, me encantaba esa posición, así yo podía ver y sentir su placer, podía tocar y sentir todo su cuerpo y al mismo tiempo sentía las penetraciones que me hacía, sentía su verga dura atravesar mis nalgas e irrumpir por mi ano y llegar al fondo de mis entrañas. 


Luego el ritmo se aceleró y los suspiros se convirtieron en gemidos y sentí cómo mi culo era disparado por chorros y chorros de leche caliente, se sentía riquísimo y yo gemía de placer también, mientras él me daba las últimas metidas con su pene aún erecto, hasta que depositó la última gota de su semen en mi culo, se levantó y se fue al baño a ducharse. 


Allí quedé yo, tendido en la cama caliente, sudoroso y con el culo bañado en leche, esa fue mi reconquista luego de 10 meses sin nada y así lo hacemos cada vez que podemos, pero aún así es mi primo, es hetero y sólo me lo hace por sexo, por eso aún estoy buscando al hombre que me haga el amor. 

FAVORES DEL ENTRENADOR



 Me estaba empezando a pasar de kilos, decidí ingresar a un salón de speening; el entrenamiento me estaba sirviendo además para deleitarme con el cuerpazo del entrenador, él era un hombre alto, moreno, de pelo corto, su cuerpo era perfecto: no demasiado musculoso pero muy bien definidas todas sus partes, tenía unas piernas gruesas, una cola preciosa súper redondeada y un paquete que me hacía tragar saliva, su vestimenta la componían una camisilla y una trusa totalmente ajustadas a su cuerpo. 


Mas o menos al cuarto día de estar asistiendo al gimnasio, sucedió que el tiempo estaba fatal, llovía a torrenciales y cuando llegué y me dispuse a cambiarme la ropa que llevaba puesta por la deportiva, me percaté que ésta se encontraba totalmente empapada y que en tales circunstancias no podría efectuar mi ejercicio, hecho que le hice saber a mi entrenador además de que me iba para mi casa; inmediatamente él me retuvo y me ofreció una camiseta y una pantaloneta suyas con las que según él podría practicar sin problema, por supuesto yo le dije que gracias pero que su ropa escasamente me llegaría a las rodillas, pero él insistió y casi me obligó a probármelas; como pude y un poco ruborizado, me cambié de ropa en su presencia y efectivamente me quedó bastante ajustada, sin embargo, él me salió al paso diciendo que me quedaba perfecta y que así no tenía excusa para entrenar y casi a rastras me llevó al salón. Ya estaba un poco tarde y yo era de los últimos, finalmente todos se fueron y nos quedamos Gustavo y yo solos. La verdad es que la ropa apretada no me impidió que realizara una estupenda sesión y que sudara como loco, él de vez en cuando se me arrimaba y me decía que iba muy bien y que había que entrenar duro. 


Una vez terminado el ejercicio me dirigí al vestier para cambiarme; los lockers estaban ubicados en un callejón un poco estrecho, los unos frente a los otros, yo estaba parado en frente a mi locker sacando mi ropa cuando entró Gustavo, pensé yo, también con la intención de ducharse y vestirse, pero por la estrechez del lugar pasó detrás de mí y yo me estremecí al sentir que me rozaba ese paquete ensoñador que tenía, él me preguntó que cómo me había sentido y yo le dije que bien aunque creía que la ropa no era la más apropiada, en ese momento él hizo un comentario sumamente inusual, dijo que la raja de mis nalgas estaba muy sudorosa y que en la pantaloneta se marcaba esa raja toda mojada, yo obviamente me sonrojé al instante, cosa que él notó, pero lejos de continuar hacia las duchas, se ubicó detrás de mí, pasando su brazo por encima de mi hombro y apoyando su mano en los lockers, me habló muy cerca de mi oído y me dijo que no me preocupara, que él me iba a ayudar a secarme, en ese momento yo ya sentí cómo su bulto crecía desaforadamente y cómo me apretujaba con su cuerpo, francamente creí que me faltaban fuerzas para asumir lo que me estaba sucediendo, pero no podía negarme a algo con lo que ni siquiera hubiera soñado, así que lo dejé continuar. 


Empezó a acariciarme, ubicado siempre detrás de mí, las tetillas y lentamente fue bajando sus manos hacia mi abdomen, para entonces mi paquete (y creo que el suyo también) se hallaba al máximo de potencia, lo que él descubrió cuando deslizó su mano derecha hasta él y me lo frotó suavemente mientras que con su otra mano empezó a apretarme mi nalga izquierda. Yo empecé a empujar mis nalgas hacia atrás con fuerza para sentir toda su potencia en ellas, ante eso, él se bajo su trusa y dejó al descubierto toda esa maravilla que sentí ubicando en la mitad de mis nalgas, entonces yo quise bajarme la pantaloneta, pero él me lo impidió diciéndome que lo dejara actuar a su manera, yo sin poderme quedar quieto pasé mi mano hacia atrás y le cogí ese objeto alucinante con el que estaba dotado, de pronto sentí que estaban saliendo esas ricas goticas viscosas de su glande y descontrolado me giré sin su consentimiento y sin soltar el juguete, entonces él me besó apasionadamente y posteriormente me hizo presión para que me agachara ante lo que yo obedecí inmediatamente; fue realmente un momento mágico, pude sentir ese olor a hombre, a macho frente a mí, y pude observar ese bello pene absolutamente erecto anhelante de ser totalmente engullido por mí y yo no me iba a hacer el rogado, así que me lo introduje lentamente a la boca, saboreando primero ese néctar que le salía y frotándolo luego suavemente con mis labios hasta hacerlo estremecerse, él entre tanto me acariciaba la cabeza, la espalda y las nalgas y yo creía que iba a explotar sin siquiera tocarme; ya llevaba mamándoselo como diez o quince minutos cuando él empezó a agitarse con más fuerza y a emitir feroces gemidos del placer inenarrable que sentía, de pronto me agarró del cabello y me ordenó que se lo chupara todo, que se iba a venir en mi boca y que quería que me tragara hasta la última gota que le saliera, para entonces su cuerpo casi convulsionaba y gritaba de emoción y entonces sentí ese chorro de semen inundarme la boca, su cuerpo se paralizó, su rostro se transformó y solo su pene palpitaba y disparaba chorros sucesivos que tragué, como él me ordenó hasta la última gota. Cuando él pareció volver a la realidad y ya no le salió más semen, yo me paré y nos dimos un beso largo y delicioso, entonces él me dijo que sentía algo duro rozándole las piernas y que además no se me olvidara que tenía que ayudarme a que me secara, luego siguió besándome y empezó a acariciarme las nalgas con ambas manos y al pasar sus dedos por mi culo, encima de la pantaloneta, paulatinamente su pene fue recobrando su rebosante fuerza y cuando estuvo totalmente erecto de nuevo, me obligó a girarme, quedando de nuevo detrás de mí y ubicándome otra vez su paquete en mis nalgas, entonces me bajó la pantaloneta y los calzoncillos y yo quedé como vine al mundo; aun ahora no sé cómo pude aguantar tanto, deseaba con todas mis fuerzas que me penetrara un siglo seguido, que me hiciera gemir y bramar como un toro, que inundara también mi culo con su semen y que permaneciéramos así por siempre, mientras tanto fue él quien se agachó esta vez y empezó a lamerme las nalgas y las piernas y lentamente fue llevando su lengua hasta mi orificio sudoroso haciéndome enloquecer de emoción, repetidas veces pasó su lengua de un lado a otro, deteniéndose siempre en mi culito y tratando de perforarlo sin compasión, después se paró y me dijo: "ahora vas a ser mío del todo, vas a sentir cómo te hago el amor y cómo poco a poco voy a estar íntegramente dentro de ti. 


Luego hizo que mi cuerpo se doblara un poco y me pidió que me abriera las nalgas con mis manos, posteriormente puso la cabeza de su pene en mi orificio y con toda la paciencia –o la maldad- del mundo me hacía creer que ya me lo iba a meter, mientras yo le rogaba que me penetrara, que por favor lo hiciera de una vez y sentía cómo mi esfínter se abría por sí mismo buscando su regalo, su precioso y anhelado objeto de pasión, hasta que por fin pude sentir eso que no se puede explicar con palabras, eso que me hizo vibrar de emoción, lo que me llevó al cielo y al infierno al mismo tiempo y yo empecé a moverme desaforadamente, metiéndome su pene hasta que sus testículos chocaran contra mi culo, le rogaba que me besara y que me apretara casi llorando y él me brindaba toda su potencia con agresividad y con maestría, hasta que de nuevo pareció salirse de sí y empezó a moverse con más fuerza y rapidez, en ese momento, cogió mi paquete y empezó a frotarlo rítmicamente con sus movimientos. 


Sólo sé que hubo un momento en que ambos cuerpos se estremecieron y que nos fluyó un grito enloquecido por el placer, que nuestros cuerpos y nuestras almas alcanzaron el orgasmo, que fluían inmensos chorros de semen y que habíamos logrado un placer de otra forma inalcanzable; al cabo de un rato de silencio mi pene se desvaneció en sus manos y el suyo dentro de mi cuerpo y poniéndonos frente a frente nos besamos con verdadera satisfacción y amor. Lo que pasó luego no importa, sólo quedará claro por siempre en nuestras mentes, que aquel momento fugaz nos acompañará en la memoria hasta el fin de nuestros días.